sábado, 24 de marzo de 2012

AVERÍA

Tras varios meses de aventuras blogueras, y de comprobar que hay un pequeño grupo de lectores que sigue mis ocurrencias, creo que puedo dirigirme a ellos (vosotros) con una cierta familiaridad. Ya lo sé: mal comienzo para una entrada; tranquilos no voy a abusar de esa confianza. Pero llevo unas cuantas horas hecho polvo por un percance que sufrí ayer, y me apetece lloriquear en el hombro colectivo de ese anónimo grupo de amigos. Aparte de eso, la historia tiene cierta gracia y bastante moraleja.

Ayer dia 23/03/2012, sobre las 22.30, llamé a un SERVICIO DE REPARACIONES URGENTES por un apagón que se produjo en mi escalera (soy el presidente de la comunidad). El operario tardó unos 20 minutos en llegar. Lo llevamos el conserje y yo a los lóbregos sótanos donde están los contadores, caldera de calefacción y otros órganos del edificio. Con seria eficacia el nota abrió el cuadro de diferenciales y detectó enseguida la avería: un cable suelto, que él mismo comprobó al ajustarlo y ver que volvía la luz. Sin embargo cambió la pieza entera (un diferencial con temporizador) porque decía que estaba en mal estado. Se iba a llevar la vieja pero ahí sí le dije que la dejara. Había estado como mucho media hora. Le digo que si le puedo pagar con talón y me dice que no, pero sí con tarjeta. Con gran tranquilidad se pone a rellenar una compleja factura (tamaño DIN A4), que me pasa. Yo estoy sin gafas, y un poco nervioso porque me temía lo peor lo peor: que la broma costase 200 o 300 €. Le pido al conserje que lo lea ¡¡y me dice que la factura es de 617 €!! Son de esas cosas que te las tienen que repetir, porque crees que o has oído mal, o han leído mal.

Creo que a partir de ahí entré en estado de shock, porque es inexplicable mi pasividad en los momentos siguientes. Me suele ocurrir que frente a los disgustos gordos e inesperados paso por un periodo de bloqueo casi total. Ya había cometido el error de no pedir presupuesto en el momento de contratar el servicio, y luego al mismo operario. Cometo el segundo error de pagar (con tarjeta; a las 23.20). Y a continuación remato la faena con una tercera y me temo que definitiva cagada firmando la factura que me tiende el menda, diciéndome “firme aquí”; firmé. Lo mismo podía haber firmado una autorización para que me desollaran vivo. Estaba sin gafas y firmé donde me señaló sin leer. Resultó que era un conspicuo recuadro tal que:

CONFORME … El Cliente …
PRESUPUESTO RECIBIDO ANTES DE
LA REALIZACIÓN DE LOS TRABAJOS.

¡Para cagarse! ¿Sabéis esos momentos en que a uno se lo llevan un batallón demonios para pasearlo por todos los foros cósmicos del ridículo y de la autocompasión? (Sensación inigualable reservada a los depresivos)

Una hora después reaccioné y llamé a la empresa; les largué un discurso lleno de desolada decisión, en el que sonaron palabras como “reclamación” “oficina de consumo” e incluso “demanda”. La operaria me atendió con amable profesionalidad (ya debe estar muy hecha a esas situaciones): me escuchó y me toreó no cerrando totalmente la puerta a una rectificación "A veces se producen errores...” (¡que me lo digan a mi!) “ tomo nota ... examinaremos su caso ... el lunes nos ponemos en contacto con Vd".

Me temo que tras tan brillante actuación tenga pocas posibilidades de llevar a cabo una reclamación efectiva. De momento he contado la historia en la O.C.U. ¡mira por donde va a resultar de utilidad ser socio!. Por otra parte a lo mejor es verdad que se cobran esas tarifas; es lo que me dijo el operario: "y nosotros somos de los más baratos". Ese es un primer asesoramiento que algún alma caritativa puede darme: ¿Son normales esas tarifas en los servicios de emergencia?. De no ser así no sé si hay opciones operativas de conseguir una rectificación. Puedo agarrarme a que firmé sin saber lo que firmaba, que es verdad, y a que no es verdad que me dieran un presupuesto previo (¡ojalá!). Eso y una curiosa irregularidad: en la factura puso la fecha del día siguiente: el 24. Pero claro… ¡si no hubiera firmado el maldito recuadro!

Y otra cosa: me quedé la pieza vieja, que son 140€ de la factura.

P.D. Encuentro una página web, de la O.C.U. precisamente, en la que avisan de en efecto en las reparaciones urgentes se pasan un montón, y que se lleve mucho cuidado. La página es:

http://www.ocu.org/prestaciones-de-servicios/reparaciones-urgentes-precios-abusivos-s480404.htm

He aquí algunos de los consejos que dan:

• Apuntarse en el móvil los teléfonos de cerrajeros, fontaneros y electricistas de la zona, de este modo no se tendrá que pagar gastos de desplazamiento.
• Llamar siempre a más de un profesional. Las tarifas son libres y pueden variar mucho de uno a otro. Se pueden obtener ahorros superiores al 30%.
• Solicitar presupuesto previo y, en su defecto, exigir los costes de mano de obra y de desplazamiento; así como lo que le cobrarán en caso de rechazar el presupuesto.
• Cuando el técnico llegue a casa, pedir que confirme las tarifas. Es obligatorio tenerlas por escrito.
• Si han realizado la reparación sin presupuesto y es abusivo, no firmar el presupuesto y exigir una copia de la factura antes de pagar.

martes, 6 de marzo de 2012

HOMENAJE AL DR. FRANK PITTMAN III

   Yo aconsejaría a  los escritores nobeles o faltos de inspiración que, si quieren una fuente de historias trepidantes, contadas con la mayor concisión, acudan a los textos de psicoterapia en general, y muy en particular los de Terapia Familiar Sistémica. Los relatos  con los que los Terapeutas Familiares nos ilustran de su experiencia son un descarnado retrato de la humanidad, en sus más íntimas miserias y en sus más estimulantes grandezas. Sin duda, un sorprendente panóptico de las insólitas circunstancias  a las que la gente hace frente en su vida. Y en ese sentido creo que uno de los mejores textos que se han escrito es el del Dr. Frank Pittman III: “Momentos decisivos”. (“Turning Points”), a quien quiero rendir homenaje en esta entrada.

    Estoy convencido, y no solo yo, de que se trata de uno de los mejores libros de terapia familiar que se han escrito.  Y quizá uno de los mejores libros, simplemente. Su humanidad y su fabuloso sentido del humor, lleno al mismo tiempo de ironía y ternura, hacen de su libro mi texto favorito, que no me canso de recomendar a mis alumnos y colaboradores.

   Sorprende de este libro, en medio de la gran cantidad de autores que alardean sin pudor  de  la finura de sus diagnósticos y de la habilidad de sus intervenciones terapéuticas, la humildad y el sentido del humor con la que nos retrata una y otra vez el desconcierto de un psicólogo de fuste que contempla con estupor la inagotable creatividad con  la que  la personas de este mundo se enfrentan a la vida. Es decir, es de los pocos que habla sistemáticamente de su errores y fracasos.... aunque eso sí, también de como, a pesar de ellos, la terapia sale adelante.

   Y no es que renuncie a sus méritos, que nos indica suavemente, aunque como ocurrencias halladas por casualidad. Espero que me perdonen si, como muestra, incluyo una versión de la carta con la que acaba su libro, y que ilustra de forma maravillosa el tesoro de historias insólitas y concisas al que me refería al principio. Esta es sin duda una de las mejores que he leído, una auténtica obra maestra del relato corto. Y también de la psicoterapia; el sueño dorado de cualquier psicólogo: la intervención exitosa en una sola sesión (se trata de la carta que le envió años después una paciente a la que había visto una sola vez):


Estimado Dr. Pittman,

  No creo que me recuerde porque solo nos vimos una vez, y me la pasé todo el rato en el suelo con la cara tapada. Mis padres eran aquella pareja que se tiraban panecillos, y luego se peleaban por ver quien los recogía.  Yo llevaba semanas sin abrir la boca, pero casi doy un salto de alegría cuando usted les dijo que dejaran que mi hermano se las apañara él solo al haber sido detenido tras su enésimo altercado. Mi madre se cabreó un montón. Y también se cabreó mi padre cuando le dijo que tenía que romper con su amante… o que la trajera en la próxima sesión.

   De vuelta a casa la bronca entre ellos fue fenomenal. Papá se fue de casa, y luego me fui yo.  El caso es que él después ha roto con su amiga, y quiere volver, pero mi madre ha encontrado trabajo y no quiere saber nada. Mi hermano salió de la cárcel y ahora tiene trabajo y novia. Yo vivo con mi pareja, y ya no oigo voces.

  Quería decirle que Vd. no nos ayudó nada, pero fue una persona honesta. 

Le deseo lo mejor.

viernes, 2 de marzo de 2012

Niños malcriados

(Nuevas tertulias en la taberna:)


LOS NIÑOS  MALCRIADOS



    Aquella tarde fui al "Bauprés" a tomar una caña. Pegados a  la barra, a la derecha, estaban unos cuantos de los de siempre en improvisada tertulia. Comentaban una noticia que había salido por la mañana sobre una denuncia de unos padres por agresiones de su hijo adolescente. Me incorporé al grupo. Alfredo, que trabajaba en los servicios sociales de al lado, estaba contando un caso de ese tipo. Se trataba de un  chico que cogía unas rabietas de espanto cuando su padre, que estaba separado y lo veía cuando le tocaba, se atrevía a negarle algo de lo que le pedía, o le llevaba la contraria en cualquier cosa. Las broncas eran formidables, y a lo largo de los años se habían ido haciendo más y más violentas, llegando a dirigirle los peores insultos. El padre, sobrepasado por todas partes, capeaba los temporales como podía sabiendo, por intuición y por lo que decía todo el mundo, que no debía ceder, cosa que a su pesar, acababa haciendo casi siempre.

   Encantado de poder hacer uso de su cultura clásica, Jose Luís dijo una frase de Séneca  que  venía a decir  que cuando un niño coge una rabieta, primero hay que esperar a que se le pase, y solo entonces mirar a ver lo que le pasa. 

   Terció Enrique, mientras removía su infusión: "no es único, ni el peor de los casos... "  Pero lo que decía quedó sumido en el charloteo que se desencadenó, cuando varios empezaron a contar otros casos o a hacer otras consideraciones. Muchas frases empezaban de la guisa "Es que los chavales de ahora..."

   Entonces Jose Carlos,
el antropólogo, dio como siempre su nota transversal que dejaba a todo el personal colgado. Dijo:

   -- La cuestión es lo que sucederá cuando este chaval se haga mayor... -- se produjo un silencio; se anunciaba algo interesante. Siguió: -- Saldrá adelante porque el desastre no es total; del amor de sus padres ha obtenido la capacidad de decir "¡si!", así que acabará sus estudios, encontrará trabajo... ect. Pero de ese descontrol familiar  sale con una enorme  incapacidad para  decir "no"  ...  ¡Esa es la famosa falta de límites!... -- Hizo una pausa, e insistió como un profesor que se dirige a sus alumnos -- ¿qué pasará cuando este chico se case, forme una familia, etc...?

   Hicimos algunas tentativas, entre sorbo y sorbo de cerveza, más que nada para darle cuartelillo, boliya, que dicen los porteños. "Que tendrá un montón de problemas..."  "adicciones por un tubo..."  "...infidelidades.."  Carlos decía "si...si..." sonriendo...

    Entonces Carlos, que lo conocía de la hostia, dijo con una sonrisa  triunfante desde detrás de la barra:

-- El problema es que será incapaz de controlar a su propio hijo.

--¡Exacto! -- dijo Jose Carlos maliciosamente, achicando mucho los ojos. -- ¡Ese es el tema!. Nos gusta a todos apuntarnos al gran pacto demagógico con el que todos los viejos puteamos a los jóvenes: que ahora la peña es peor: más vagos, más maleducados... y nadie se da cuenta de que estamos siendo tan hipócritas, o más, como fueron nuestros propios viejos,  a  los que tanto machacamos en nuestra adolescencia. ... ¡¡ Y resulta que   lo que pasa ahora es que ya vamos por la segunda o tercera generación de niños maleducados...!! 

   En nuestras mentes se perfiló la idea como un rayo: Nosotros también fuimos unos niños malcriados. Se produce uno de esos silencios que siguen a las revelaciones de Carlos, con la virtud de dejarnos al tiempo jodidos y perplejos. Se alzó de nuevo, más quedo, el charloteo, con alguna expresión de protesta... aunque de entrada nadie le llevaba la contraria.

--  Bueno vale,-- le preguntó Alfredo,-- ¿y que hacemos cuando nos han malcriado, y queremos corregir el tema con nuestro hijos ?

 Jose Carlos rebozó el bigote con la espuma de su cerveza, sonrió levemente mientras echaba una mirada de complicidad a Carlos, ahora discípulo  aventajado, y dijo en tono de cínica resignación:

--  Hacemos lo que podemos -- y añadió una de sus frases favoritas -- ...ir de culo y contra el viento.