miércoles, 12 de mayo de 2021

Los resultados electorales de Madrid

     Aquí (Madrid) hay una cierta suspicacia por la cantidad de análisis que han surgido que vienen a decir,  de mejor o peor forma, que lo que ha pasado es que los madrileños son gilipollas, o fachas, o ambas cosas. No exagero: la mitad de los ministros del gobierno, Monedero y no se cuantos analistas.... Hasta el mismo Errejón terció preguntándose si era buena idea andar insultando al potencial electorado (SIC). Han dado (y siguen!) una deplorable sensación de mal perder.

    Mi opinión personal es que lo que ha habido es mucho voto de castigo a Sanchez, en primer lugar, y mucho voto antisistema (que viene a ser lo mismo, pero más difuso)  en 2º. Visto así, claro, Ayuso, cuyo populismo  me gusta  poco, ha  sabido sintonizar con esos dos sentimientos. Así se puede decir que ha pillado votos de Vox, que es el argumento que retuercen para acusarla de tal connivencia. Creo que si ha pillado algo de Vox, habrá sido tipo "voto util",  y en ese sentido puede que hasta de Podemos, vete a saber. La utilidad en este caso sería la de dar más por saco al poder central. 

    Hay toda una bolsa social que sencillamente vota, si lo hace, a lo que toca más las pelotas. Los famosos 30 mil votos que sacó Herri Batasuna en Madrid (Si alguien puede, que me confirme ese dato).  Me consta que los vascos radicales eran conscientes de que es un tipo de voto que les beneficiaba, pero que era espurio.

    Y luego está la teoría del 1%, esto por lo de las juergas el sábado, que algo tienen de lo mismo: "vamos a portarnos mal"; esa proporción de irresponsables sobre 1M de personas, da unos 10.000 tíos, que si se juntan en las mismas 4 calles, montan un follón de cojones. Pero sociológicamente son muy poco relevantes, 


"PORQUE SE ME PERMITE"

     Los festejos del fin del estado de alarma, en la madrugada del domingo-9 al lunes-10 pasados han sido motivo de escándalo y consternación. Entre las entrevistas que se oyeron hubo una que me llamó la atención: Con el jolgorio como ruido de fondo, un joven declaraba, con voz pausada y bien articulada, que él no estaba de acuerdo con todo aquello, e incluso anticipaba las posibles funestas consecuencias que podía tener con respecto a la pandemia. Y luego añadía, escogiendo cuidadosamente sus palabras: "Pero estoy aquí porque se me permite".

   ¿Cómo interpretar esa pintoresca declaración?. ¿Está haciendo cómplices a las instituciones de su irresponsabilidad? Recuerda aquellos conflictos morales de grandes santos cristianos, como Pablo de Tarso, o Agustín de Hipona: "Yo sé lo que está bien, y quiero portarme bien, pero acabo portándome mal". 

     En lo que a mi me interesa todos revelan la peculiar diversidad disociativa  que caracteriza la identidad humana, incluso en cuestiones de moral. En el caso de nuestro joven, es de ver cómo gestiona y asume esa disociación, convirtiéndola en una crítica institucional. Como si dijera: "Sé que estoy portándome mal, pero no lo haría si las autoridades cumplieran con su deber y me lo  impidieran".