martes, 23 de febrero de 2016

Enric Juliana

Me ha gustado mucho su articulo de opinión de hoy, martes 23 de Febrero de 2016. Destaco el siguiente párrafo:

¿Ha perdido el Gobierno en funciones el control de su tiempo político? ¿Ha perdido capacidad de anticipación? En tiempos de interinidad, cuando las sombras difuminan el perímetro del poder ejecutivo, hay fragmentos del aparato del Estado que se sienten más autónomos. Cumplen con su deber, caiga quien caiga, y lo hacen de manera muy visible, para refrescar la legitimidad de sus funciones ante la eventualidad de un cambio. Eso es lo que seguramente está pasando en España.

sábado, 6 de febrero de 2016

Modelo Sistemico de la Identidad

Modelo Sistemico de la Identidad


La identidad es el postulado básico de la conducta de todo sistema, incluidos los sistemas humanos, sociales o individuales. Por conducta entendemos los cambios concretos y sucesivos que manifiesta  un sistema, en virtud de su dinámica interna, fruto interactivo en cada momento de su historia y de su entorno.  Ambos determinantes, historia y entorno, configuran en positivo y en negativo esa identidad:

Positivamente forma parte del sistema, es decir, de su identidad, todo cuanto evoluciona solidariamente con él, con continuidad estructural y cronológica, compartiendo una historia  y un destino común.
Negativamente, frente a Él, o a su alrededor, está el “no-sistema”, el entorno,  que reacciona secuencialmente a esa conducta.

---  La identidad de un sistema es, por tanto, la cualidad que atribuimos a los elementos que lo componen, al hecho de formar parte de él, en conjunto y cada uno de ellos. Su definición es consecuencia  de la más importante de las propiedades emergentes de los sistemas: la unicidad. El sistema se comporta de forma unitaria, y todos los elementos que lo integran comparten su destino. Al menos en el entorno significativo del sistema.

Se asume una estructura jerárquica de la realidad, de manera que todo sistema se compone de subsistemas, y  a su vez forma parte de un metasistema. Por lo tanto la identidad será siempre un concepto relativo, válido sólo en el nivel de integración sistémica que se está considerando. Si estamos hablando de las decisiones que toma un ejecutivo en su trabajo, la identidad relevante será la empresa, por cuanto esas decisiones tienen sentido en la dinámica de esa empresa, y no en su vida propia; si consideramos los problemas relacionales del sujeto con sus compañeros, entonces la identidad relevante será el propio individuo, y la empresa su contexto. Pero si consideramos las molestias de su hígado, como hace su médico de cabecera, entonces la identidad relevante será el hígado, en el contexto del cuerpo físico del sujeto. Otra cuestión es la relación que haya, si la hay, entre esos niveles.

     Se asume que puede haber sistemas de un solo elemento. En el caso de una persona humana  estaríamos hablando de su identidad individual.

---  Se comprueba que tal definición es compatible con  individuos, grupos sociales (empresas, tripulaciones, ejércitos…), manadas de mamíferos, bancos de peces, hormigueros… e incluso sistemas inorgánicos, como p.e. un sistema atómico, un sistema planetario, o un sistema geológico.

--- Este punto de vista concuerda con la concepción global de la evolución que manejan los biólogos.  Se asume que hay una presión evolutiva hacia orgánicos de  mayor tamaño [22], lo que conduce, en este nivel evolutivo de organismos multicelulares, a metasistemas formados por organismos,  lo que conocemos como sociedades, manadas o grupos en el reino animal. E.O. Wilson, fundador de la Sociobiología, que reivindica las raíces biológicas de la conducta social,  considera que la especie humana constituye uno de los 4 pináculos de la evolución en ese sentido, junto con los celentéreos (corales), los insectos sociales, y casi todos los mamíferos :

Primero deberíamos darnos cuenta de que los sistemas sociales se han originado repetidamente de un grupo principal de organismos a otro, alcanzándose grados ampliamente distintos de especialización  y complejidad. Hay  cuatro grupos que ocupan posiciones más elevadas que los demás: invertebrados coloniales, insectos sociales, mamíferos no humanos y el hombre; ellos presentan cualidades básicas de vida social que son únicas en sí mismas.[23]

--- La novedad evolutiva de los sistemas humanos es que cada sujeto es capaz de formar parte de más de un sistema al mismo tiempo. Es decir, puede tener más de una identidad. Recuerden a los espectadores de Anfield (23.1), cada uno con su familia, su trabajo y, como buenos británicos, su club. Ciertamente el ejercicio fáctico de esas identidades no puede ser simultáneo: el organismo humano solo tiene un out-put: el propio organismo. Pero nada impide que esas identidades estén en activo “por dentro”. Por tanto el meta sistema social humano se compone de grupos  que no son disjuntos, es decir, que interseccionan entre sí [24].

    Se puede encontrar una situación algo parecida a nivel fisiológico: serían las moléculas que intervienen en diferentes sistemas bioquímicos, pero como especie. Es decir, una misma substancia puede intervenir en distintos sistemas fisiológicos, pero no la misma molécula en concreto.

--- Este modelo permite también una  interpretación evolutiva de la conciencia humana. Dada la presión evolutiva hacia sistemas nerviosos cada vez más complejos [25], es concebible que, análogamente a los sistemas electrónicos, los organismos acabasen desarrollando lo que conocemos como “modelos”, o simuladores; es decir, un simulador interno de la realidad. Ese proceso, que seguramente no fue instantáneo, culminó en la especie humana, pero no solo en ella, en una estructura que mediaba entre el  Estímulo y la Respuesta, y que permitía básicamente la anticipación de la realidad.

---  Ese simulador  es la realidad subjetiva para las personas, la realidad vista desde dentro, y su funcionamiento continuo es lo que conocemos como consciencia. Puede decirse que, vista desde dentro, ES la realidad, y desde afuera el  YO, o sea, la identidad. El software de ese simulador, de esa percepción de la realidad, es lo que conocemos como el pensamiento racional, que se constituye como el fundamento cognitivo de la conducta humana, que permite la creación del lenguaje, de las herramientas, de las normas sociales y de la ciencia. La identidad será la referencia conductual de ese simulador.

     Una consecuencia interesante de esas “raíces biológicas” es que la supervivencia en grupo,  la identidad colectiva,  es anterior a esa consciencia. Por lo tanto es vano buscar una causación cognitiva  a la conducta social. Como en tantos otros aspectos de la vida humana, también en este “la emoción decide y la razón justifica”. La vida en grupo forma parte consustancial de la condición humana. Un verdadero instinto básico, anterior y más poderoso que ese simulador, que operativamente se adaptará a él conformando en cada momento la identidad relevante.

     De forma concomitante el simulador también nos proporciona una interpretación de la aparición y significado del lenguaje, y de su relación con la identidad. Como ya ha sido detectado por los antropólogos, el lenguaje forma parte del complejo cultural que media entre la especie humana y la naturaleza. Complejo cultural que no es sino la estructura de la vida del grupo. El antropólogo Clifford Geertz, viejo conocido, lo incluye en su célebre  “interpretación de la cultura”, en uno de sus más apasionados y célebres párrafos, que nos permitimos citar extensamente (los subrayados son míos):

Como la fabricación de herramientas depende de la destreza manual y de la previsión, su implantación debe haber determinado un desplazamiento en las presiones de la selección, de suerte que éstas favorecieran el rápido crecimiento del cerebro anterior, así como con toda probabilidad favorecieron los progresos en la comunicación y en la regulación moral , fenómenos que tenemos razones para creer que se dieron también durante este período de superposición de cambios culturales y cambios biológicos (se refiere al pleistoceno

(…)  El período glacial parece haber sido no sólo la época en que se borraron la prominencias sobre las órbitas y se contrajeron las mandíbulas, sino también la época en que se forjaron casi todos aquellos caracteres de la existencia del hombre que son más gráficamente humanos: su sistema nervioso encefálico, su estructura social basada en el tabú del incesto y su capacidad para crear y usar símbolos. El hecho de que estos rasgos distintivos de la humanidad surgieran juntos en compleja interacción recíproca antes que en una serie continua, como se supuso durante tanto tiempo, tiene una importancia excepcional en la interpretación de la mentalidad humana, porque esa circunstancia sugiere que el sistema nervioso del hombre no lo capacita meramente para adquirir cultura, sino que positivamente le exige que la adquiera para ser una criatura viable.  Lejos de obrar la cultura sólo para complementar, desarrollar y extender facultades orgánicas lógica y genéticamente anteriores a ella, parecería que la cultura fue factor constitutivo de esas mismas facultades. Un ser humano sin cultura probablemente no sería un mono con talentos intrínsecos aunque no realizados, sino que sería una monstruosidad carente de todo espíritu y, en consecuencia, una monstruosidad nada viable.  Lo mismo que el repollo al que tanto se asemeja, el cerebro del homo sapiens, habiendo surgido dentro del marco de la cultura humana, no sería viable fuera de esa cultura [26]

-- Desde nuestro  modelo, esto lo podemos expresar como que la aparición de un  sistema de procesamiento muy complejo, que incluye la modelización de la realidad, en una especie que YA ERA social, lleva inevitablemente al lenguaje. Es una situación parecida a la aparición de los procesadores domésticos, los PC, en un mundo en el que YA existía el teléfono; la consecuencia casi inmediata es la aparición de Internet. Podemos expresarlo como que la comunicación entre sistemas complejos precisa   de un canal de comunicación de banda ancha. En ambos casos, lenguaje e internet, se da el fenómeno conocido de los evolucionistas, de que un nuevo rasgo, físico o conductual, una vez aparecido cobra entidad y autonomía propias [27].

--- Destaquemos en ese texto de Geertz, célebre por su homología entre el cerebro, la cultura y el repollo, la importancia que da a la naturaleza sistémica de esta serie de acontecimientos, acaecidos… “en compleja interacción recíproca”.

 - Otra consecuencia de este modelo de consciencia es la incertidumbre subjetiva. El modelo puede anticipar una realidad, pero no  sólo una… y puede equivocarse. Cualquier persona conoce las torturas de la indecisión.  Y precisamente la reducción de la incertidumbre es una de las motivaciones que se han postulado, por ejemplo por Sherif, para explicar el vínculo entre el individuo al grupo [28].

--- Como todo a sistema vivo, podemos atribuir dos propiedades generales a los sistemas humanos: La supervivencia y la expansión. Por lo que se refiere a la supervivencia, uno de sus componentes es la defensa frente a la agresión, que a su vez toma dos formas: el ataque y la huida.

--- En lo que se refiere a la expansión, esa definición de sistema incluye la incorporación de elementos inorgánicos. El filósofo y matemático Bertrand Russell  llamó a esa tendencia “imperialismo químico” [29] :

Cada uno de estos (seres vivientes) es una especie de imperialista que procura transformar la mayor cantidad posible  de la materia que le rodea, en su propio organismo o en el de su simiente. (…) el hombre es sólo el último ejemplo (por ahora). (… su actividad) puede resumirse en una fórmula muy sencilla: transformar la mayor cantidad posible de la superficie terrestre en cuerpos humanos.

En los individuos humanos esos elementos materiales, fabricados o adquiridos en el trueque social, es lo que conocemos como propiedad. Esa extensión material, de la que se puede argumentar que posee cualidades de la materia viva, tiene precedentes evolutivos: el citoplasma de las células eucariotas. Podemos llamar genéricamente Exoplasma a esa extensión material,  por analogía, y  por el antecedente conceptual de Alfred Lotka[30], que llamó Evolución exosomática a la de esos artefactos “anexionados” al organismo humano. La clave es que las cosas que posee una persona forman parte de ella misma, son su Exoplasma, estableciendo con él una relación análoga al Citoplasma respecto el Núcleo celular,  y que son resultado de ese imperialismo quimico de Russell. Esta idea, con grandes posibilidades intelectuales, se desarrolla en otro lugar [31].

Es de señalar que esas características de la identidad de un sistema orgánico también se manifiestan en las identidades de grupo. Por ejemplo, todo grupo humano tiende poseer un extensión exoplasmática, a veces notablemente conspicua, como en empresas, ejércitos o tripulaciones, amén de lo que se conoce como “obra civil”: carreteras, puentes, murallas…  En lo que a nosotros nos interesa, eso implica que la vivienda, y todos sus contenidos, como la ropa, forman parte de la familia como cualquiera de sus miembros, formado parte de la trama emocional familiar, aunque sea pasivamente, hecho que ha sido detectado y estudiado por diversos autores. [32]   
                                                                                                                                  .
La otra característica de los sistemas humanos, como sistemas vivos, es la respuesta a la agresión. Es bastante notable, y para muchos preocupante, la frecuencia e intensidad de las conductas agresivas cuando están respaldadas por una identidad colectiva: motines, linchamientos, atentados, guerras… El control cultural pasa por su institucionalización, lo que da lugar a los distintos tipos de cuerpos de seguridad: policía, ejército... Pero en todo caso es intuitivamente concebible que la actuación en un nivel existencial “superior” (metasistémco) proporcione a las personas un tipo de motivación diferente de la que actúa a nivel individual. Al formar parte de “algo más grande” es como si los códigos morales tomasen otra dimensión, puesto que esos códigos regulan básicamente las relaciones con el Endogrupo (los copartícipes sistémicos, en lenguaje de la PS). El Exogrupo (los de otros grupos) es como si fuera otra especie… para ellos no rigen las normas sociales. Como modelo teórico esta consideración viene a dar respaldo biológico al Modelo Frustración-Agresión; quizá un respaldo académicamente precario, pero intuitivamente diáfano: constituye un aprendizaje básico de toda persona, incluso de todo ser vivo, que la  gran mayoría de los organismos atacan cuando se les molesta, y normalmente sólo entonces. [33]


BIBLIOGRAFÍA


[22]  Margalef, Ramón.(1974) Ecología. Omega (p. 905)

[23] E. O. Wilson (1975). Sociobiology. The New Synthesis .The Belknap Press of Harvard University Press. (SociobiologíaLa Nueva Síntesis. Barcelona, Omega, (1980) p. 395)

(23.1) Véase "La construcciòn Social de la Identidad".A continuación, en este mismo blog.

[24] Esa situación admite un sencillo tratamiento matemático. Véase en internet “Sociabilidad, fórmula de Conde Derqui”

[25] Margalef, R. op.cit.

[26] Clifford Geertz  (1973). The interpretation of Cultures. Basic Books Inc, Nw York .(La interpretación de las culturas. Gedisa, 1987  (p. 69)

[27]  K. Lorenz . (1963) Das Sogenannte böse  (La agresión, el pretendido mal. Siglo XXI, 1971.p.e.: p. 195)

[28]  Modelo de Reducción de Incertidumbre.(…)

[29]  Bertrand Russell, 1927.  An outline of Philosophy.
      (Fundamentos  de  Filosofía. Los premios Nóbel de literatura. Plaza y Janés, 1964.Vol. 1;  p.1692)

[30]  Alfred Lotka. The law of evolution as a maximal principle. Human Bilogy, 1945, vol. 17, nº 3. p. 187.

[31]  Francisco Derqui. El exoplasma humano(En elaboración.)

[32]  Furby, L (1978) “Possessions: Toward a Theory of Their Meaning and Function throughout the Life Cycle”. Life Span Development and Behavior”  Vol. 1  Academic Press, Inc.

Csikszentmihalyi, M; Rochberg-Halton, E. (1981) The Meaning of Things, Domestic symbols and the self. Cambridge University Press

Rochber-Halton,E (1984) Object relations, Role Models, and Cultivation of the Self. Environment and Behavior. Vol. Nº 16, May 1984. 335-368

Beaglehole, E (1932)  Property: a Study in Social Psychology. The Macmillan Co.  Nw. York, 1932

 Belk, Russell.(1988) “Possessions and the Extended Self” Journal of Consumer Research, vol. 15, Nº2 (Sept 1988) The University of Chicago Press

[33] Es en lenguaje coloquial la misma idea que expresa Freud en su famosa cita, "EL yo aborrece...", en la que se inspiran explcícitamente Dollard y Miller. 
   -- Freud. Los  insitintos y sus destinos. O.C. p.2050
   -- Dollard y Miller. Frustración y Agresión




LA CONSTRUCCIÓN SOCIAL DE LA IDENTIDAD



LA  CONSTRUCCIÓN SOCIAL  DE  LA  IDENTIDAD   
 
¿Me contradigo?
Pues muy bien, me contradigo
 (soy inmenso, contengo multitudes)

Walt Withman:  Canto a mí mismo (51)



Que la familia condiciona la conducta de sus integrantes es uno de los principios básicos de la Terapia Familiar Sistémica (TFS en adelante). Podemos decir que, en mayor o menor medida,  determina su identidad.  En los distintos artículos de este monográfico se describen ejemplos de esa situación. En este queremos echar un vistazo a los aspectos teóricos de este fenómeno, uno de los más complejos del universo conocido: La identidad humana.
El escrito tiene dos partes. En la primera intentaremos dar una visión global  sobre la teoría e investigación que se han hecho sobre la identidad humana. Será un resumen inevitablemente subjetivo y parcial, ya que la identidad constituye uno de los grandes quebraderos de cabeza de las Ciencias Humanas, y especialmente de la Sociología y la Psicología. En la intersección de estas disciplinas surge la Psicología Social (PS en adelante), que es la que  específicamente estudia la identidad, y que será ahora nuestro marco de referencia.
En la segunda parte ofreceremos un Modelo de Identidad Sistémica que creemos puede ser útil para abordar algunos de los numerosos problemas teóricos que plantea la identidad. Se trata de poner en valor nuestro paradigma, sistémico e interdisciplinar,  en la construcción de una teoría versátil y operativa, que  quizá contribuya que dejen de considerar la Psicología como una “disciplina paria e inútil” [1]  en la comprensión de los asuntos humanos.



1: LOS ESPECTADORES DE ANFIELD

Por favor, miren la foto que adjuntamos. Es una divertida imagen que muestra, mejor que las consabidas mil palabras de la sabiduría oriental, la complejidad y efectividad del sentimiento de identidad humano. Fíjense en el centenar de espectadores que se ven en el graderío (una muestra de los varios miles presentes). Cada uno de ellos es una persona, con todos sus problemas y preocupaciones; pero en ese momento su conciencia está absolutamente entregada a los lances del juego. No sólo están identificados con su equipo, ¡en ese momento lo están con el propio jugador!   Tanto que se les ha contagiado instantáneamente su gesto de lamento, como si fueran el solemne coro de una tragedia griega!: “¡Ay del que yerra frente a su rival…!”  



         



Se trata de un lance deportivo como los que se producen miles de veces todas las semanas, en miles de estadios, por todo el planeta [2]. Solo que esta vez el fotógrafo estuvo allí.  Un incidente trivial pero que muestra una asombrosa característica humana, que ha traído de cabeza a los teóricos de la Psicología Social desde sus inicios: Su capacidad de coordinar espontáneamente su conducta con la de otras personas, movidos aparente y espontáneamente por objetivos comunes, y comportándose como si fueran “un solo hombre”.   Tal vez de una simple foto sea mucho decir, por lo que vamos a seguir con la imaginación a un grupo de nuestros hinchas: poco después podemos verlos tomando unas cervezas en un concurrido local. Se cruzan ruidosas bromas. En un momento dado uno inicia un cántico y todos le siguen. Es un himno de su equipo. Según avanzan, los ánimos se exaltan y van subiendo el volumen de sus voces hasta que empiezan a ser molestos para los demás concurrentes. Estos acaban interrumpiendo sus propias conversaciones y los miran, unos con resignado fastidio, y otros con alguna sonrisita cómplice (quizá porque son del mismo equipo). Ellos se miran entre sí con creciente fijeza, lanzando hacia afuera furtivas miradas, risueñas por su propia travesura. Esa situación de desafío a las normas (hacer demasiado ruido en un sitio público) parece que aumenta su sentido de grupo, de forma que el volumen sigue aumentando hasta que un estruendoso “¡RA RA RÁ!” marca el final de la cantata. Los demás concurrentes reanudan  sus conversaciones tranquilamente, sin dar importancia a lo ocurrido, mientras nuestro grupo celebra brevemente el episodio con risas y bromas, como si acabasen de marcar un gol…  No creo que nadie discuta la verosimilitud de este relato.
Estos peculiares comportamientos, sobre todo el de la taberna, plantean  la pregunta clave: ¿Cómo es que esos individuos estando en grupo se comportan de una forma que resultaría insólita si estuvieran solos? Porque si después nos cruzamos con cualquiera de ellos, en los lavabos o fumando a las puertas del local, comprobamos, con sorprendente falta de sorpresa, que se conducen de forma perfectamente circunspecta, incluso tímida. Como decimos ESA es la pregunta central de la PS. Pregunta que puede formularse en términos de identidad,  puesto que realmente parece que se tratara de individuos diferentes  los de una y otra situación. ¿Cambia la identidad de las personas de cuando están solas a cuando forman parte de un grupo? La cuestión ha dado lugar a una ingente cantidad de especulaciones, teorías y trabajo experimental, que juzgamos de interés para el terapeuta sistémico.
Esas teorías se pueden agrupar en dos grandes grupos: Las teorías sociológicas, que dan preeminencia al grupo como fenómeno emergente, con entidad propia; y las psicológicas, que creen que todo es explicable desde una perspectiva puramente individual. Esta dualidad individuo/grupo marca los polos entre los que se mueven las teorías sobre la identidad, con una muy sociológica tendencia a oscilar entre uno y otro; probablemente en sintonía movimientos culturales más amplios, como el Modernismo y Posmodernismo. Adjunto una tabla orientativa, muy simplificada (Tabla 1).


Teorías Psicológicas
Teorías Sociológicas

Naturaleza
del
Grupo

El grupo es un artefacto de la conducta de los individuos; surge cuando actúan juntos; la coordinación se basa en  intereses comunes, materiales o emocionales.


Fenómeno emergente. El grupo tiene vida propia, que condiciona al individuo; este  asume otra identidad cuando forma parte de él

Naturaleza. del  vínculo
Cognitiva
Emocional
Ámbito
cultural
Modernismo / Positivismo
Posmodernismo.
Ámbito
geográfico
U.S.A.
Europa

Teoría
Estrella

Interaccionismo Simbólico
 (IS)
Teoría de la Identidad Social 
(TIS)
Autores
H.G.Mead;
F.H.Allport;
Berger y Luckman;
Erwing Goffman;

Tafjel;
Turner;
Hogg
                                  
Tabla 1
    Empezaremos con la Teórías Psicológicas, de las que la más importante es sin duda  el Interaccionismo Simbólico (IS en adelante). Se da la paradoja de que este primer modelo sobre la identidad está muy vinculado a la Sociología. En los textos de PS apenas se le cita, ni siquiera en los americanos [3]. ¿Porqué esa vinculación, y por qué entonces  lo colocamos en la columna de la Teorías Psicológicas?. Porque su explicación está basada en el individuo. Podemos decir que consiste una explicación muy compleja y refinada  de cómo el entorno social influye sobre la conducta individual, incluyendo pensamientos y emociones. Las raíces filosóficas del IS están el el Pragmatismo americano, a caballo con la Psicología, disciplina a la que este movimiento daba mucha importancia:  Peirce, Cooley, William James y G.H. Mead son los nombres más conocidos. Entre ellos fue Mead [4] el que dió origen formal al modelo teórico, aunque fue su discípulo y principal divulgador, Blumer [5] el que le puso el nombre en 1937.
      Es significativo que, entre nosotros, el sociólogo Julio Carabaña, en un meticuloso análisis de la obra de Mead que publicó en 1979 [6], señale la carencia de publicaciones sobre el tema,  así como la peculiaridad de ser la única alternativa teórica al Marxismo sobre el problema de la vinculación del individuo y el grupo.

La  idea nuclear del IS es que la conducta que un estímulo provoca en un individuo es función de lo que ESE estímulo significa para ESE individuo. Dejando por ahora qué significa “significar”, vemos que se trata de un esquema esencialmente conductista (se autodenominan Conductismo Social), del que se diferencian enseguida con lo del significado. Ese significado no consiste en un proceso cognitivo, que también, sino un proceso de tipo emocional, cuyo origen es social.  La clave es que nuestra mente no nos proporciona una percepción directa de nosotros mismos, en cambio sí de la persona con la que estamos interaccionando. Puesto que lo que más nos interesa somos nosotros mismos, por el más indiscutido de todos los instintos, el de supervivencia, ocurre que la idea del yo, el self, tenemos que inferirla de la conducta de las personas con las que nos tratamos. El tú es inmediato, el yo inferencial. Esa dependencia (el yo depende del tú) constituye la gran aportación del IS a la comprensión de la identidad, y se incorpora a la “PS Americana”, predominante durante décadas. Esa relación entre el individuo y el interlocutor da mucho juego, y se generaliza fácilmente al contexto social, y de ahí admite conexiones intelectuales con otros ámbitos de la Psicología, como la de las Relaciones Objetales, o el modelo de Lacán (el “otro significativo”). Entre los constructos teóricos del IS destaca precisamente el del “Otro Generalizado”, que surge cuando el bebé generaliza sus interlocutores primigenios a toda la sociedad, representada secuencialmente en su mente por diferentes objetos (mamá, papá, los hermanos, los otros familiares, los pares, el maestro, el jefe, los héroes del comic o del cine …), y con los cuales mantiene un incesante diálogo, primero en voz alta, y pronto en la intimidad de la mente, constituyendo el famoso “diálogo interno”, que no cesa nunca hasta el momento de la muerte. Ese diálogo es la manifestación primaria del Self.
Dos aportaciones destacamos en esta corriente de pensamiento: Una es la del sociólogo Erving Goffman, con sus meticulosas descripciones de la mecánica de la identidad, como  si de un rol teatral se tratara. Su obra más conocida, “Estigma”, desmenuza las dramáticas consecuencias que tiene para el individuo la atribución por parte de su entorno de una identidad negativa.
La  otra aportación constituye  una de las obras más influyentes de las Ciencias Sociales: “La construcción social de la Realidad”, de Berger y Luckman. Puede decirse que da nombre a una de las corrientes de pensamiento más activas actualmente, también presente (¡y de qué forma) en la TFS: el Construccionismo Social.  Me he tomado la libertad de parafrasear su título en este trabajo, como  homenaje y también porque, como veremos, hay una estrecha relación entre identidad, realidad y sociedad.
El IS es el marco conceptual predominante en los inicios de la PS. Conviene destacar que su potencia conceptual da cuenta de muchos, tal vez casi todos, de los más sorprendentes resultados de la PS experimental. Sin ir más lejos lo hace de nuestros desolados espectadores de Anfield, totalmente identificados con su mito deportivo.   Multitud de experimentos y teorías jalonan una historia apasionante, llena de resultados creativos, sorprendentes, muchas veces controvertidos, y algunas veces banales (según los propios  psicólogos sociales). El IS ha proporcionando cobertura metateórica, a toda una pléyade modelos y microteorías para dar cuenta de esos resultados.  Intentar resumir todo ello es casi una tarea de locos; es notable que los manuales de PS pueden variar bastante en sus contenidos (Entre otras cosas según las convicciones ideológicas de sus autores, el cáncer de las humanidades). Pero en cualquier caso hay un notable consenso en la importancia de cinco resultados: los dos de Sherif, el de Asch,  el de Milgram y el de Zimbardo. Algunos autores, con los que nos alineamos, consideran fundamental un sexto resultado: el del Tafjel sobre la formación del Grupo mínimo. Veamos brevemente la secuencia:
En 1935 Muzafer Sherif lleva a cabo su famoso experimento sobre el efecto autocinético[7]. Se interesaba sobre el surgimiento de las normas sociales, cuya funcionalidad estimaba en contrarrestar las incertidumbres y ambigüedades a las que se ven sometidas las personas. Para comprobarlo usó el efecto óptico de que un punto de luz en una habitación oscura pronto da la impresión de estar animado de movimiento. Sometiendo a muchas pruebas a varios individuos, e interrogándolos solos y en grupo se veía que,  estando solos los sujetos convergen hacia una respuesta estable; una especie de norma personal. Y en grupo sucedía lo mismo, pero en grupo. Como si se contagiasen unos a otros, todo el grupo acababa dando respuestas congruentes.
    En 1951 Solomon Asch realiza su famoso experimento sobre la conformidad perceptual [8];  la idea era comprobar hasta qué punto los resultados de Sherif se debían a la ambigüedad del estímulo. Realizó un experimento en el que los sujetos tenían que comparar las longitudes de unos segmentos, formando parte de grupos de entre 7 y 9 personas. Todos los del grupo, menos uno, estaban conchabados con los experimentadores de forma que daban una misma respuesta errónea; ese uno aislado era el verdadero objeto del experimento. El resultado sorprendente es que hasta un 50% de los sujetos cambiaba su respuesta correcta para conformarse al grupo, aunque el promedio en  todas las pruebas fue del 33%. Un 25% se mantuvo incólume en sus apreciaciones.  Es interesante que, preguntados por su “conformidad errónea” muchos de los “conformistas” decían que sabían que la respuesta era errónea, pero que la dieron por sentimientos de miedo a la censura, el ridículo o la desaprobación. Obsérvese que estos resultados están conformes con el paradigma del IS.
Entre 1949 y 1954 vuelve Muzafer Sherif a la palestra , ahora con sus esposa Carolyn y otros colaboradores, para realizar sus tres famosos experimentos. Fue el último el único en el que completaron las cuatro fases previstas, y los que le dieron nombre:  Los experimentos de Robber’s Cave sobre conflicto intergrupal; el nombre le viene del parque en el que se encontraba el campamento de boy-scouts en los que se realizaron. Como es bien sabido, el experimento consistió en repartir el grupo de 24 muchachos, homogeneizados en todos los parámetros posibles, en dos grupos, a los que se sometía a lo largo de tres fases a una serie de actividades que estimulaban la competitividad intergrupal. Los resultados fueron bastante espectaculares por el grado de hostilidad que llegaron a manifestar los chicos hacia el exogrupo (los miembros del otro grupo), parejo al grado de preferencia y solidaridad que se desarrollaba hacia el endogrupo. En los dos primeros experimentos el grado de deterioro relacional y de hostilidad llegó a tal punto, que hubo que interrumpir bruscamente  el experimento. Solamente en el tercero se culminó una cuarta fase, en la que se conseguía reducir totalmente la rivalidad a base de proponer tareas supraordenadas, que requerían la colaboración de ambos grupos: conseguir agua para todo el campamento, o alquilar una película para todos…
 La interpretación teórica de tales resultados, que se publicaron en 1962 [9], tiene que ver con los temas candentes en la PS: el etnocentrismo, el prejuicio, la discriminación…  Sherif formuló su propia teoría, que ha perdurado como uno de los factores que intervienen en tales conflictos: La teoría del conflicto realista, que viene a decir que el tipo de relaciones que se establecen entre los grupos viene determinado por los intereses u objetivos concretos que los lleva a la cooperación o al enfrentamiento. También provee de una receta concreta para la superación de las situaciones de hostilidad intergrupal: el establecimiento de objetivos metasistémicos, que interesen a ambos grupo. Una teoría también congruente con el IS, y también con la concepción marxista de la identidad, que la concibe alienada por los intereses de clase.

     Por lo que se refiere a la relación individuo-grupo el modelo de moda en ese momento sobre era el de interdependencia: El individuo forma parte del grupo porque depende de él para conseguir sus objetivos, p.e. vivir mejor. Aunque esos intereses puedan ser más o menos conscientes, no deja de ser un fundamento cognitivo (racional), basado en definitiva en los intereses del sujeto individual, aunque esos intereses estén condicionados por su relación con los demás. Esa interdependencia puede explicar los fenómenos de conformidad grupal, hasta el punto de violentar la percepción de la realidad, como ocurre en los experimentos de Asch y el primero de Sherif, y básicamente acorde con el IS, que es un paradigma lejano, sociológico, para la PS, al que se  recurre poco explícitamente.

Pero ya estos resultados empiezan a tener un matiz inquietante por la aparición de conductas no deseables. Este matiz se confirmará en los experimentos siguientes, sobre todo de Milgram y posteriormente en el de Zimbardo. Pero entre tanto fuera del ámbito universitario sucede algo muy significativo en este desarrollo teórico: en mayo de 1960 los servicios de inteligencia israelíes capturan en Buenos Aires al antiguo jefe nazi Adolf  Eichmann, uno de los responsables del holocausto, y se lo llevan a Israel para ser juzgado. En abril de 1961 se inicia el juicio, y en junio de 1962 es condenado y ahorcado. La polémica fue enorme en todo el mundo, y también en el entonces joven estado de Israel. La filósofa judeo-alemana Hannah Arendt, de enorme prestigio mundial, que por entonces vivía en Nw York, asiste al juicio como corresponsal. Enormemente conmocionada, como muchos judíos, al revivir el horror de la persecución nazi, vuelve a su hogar antes de que termine el juicio. Cuando consigue recuperarse, en 1963, escribe el famosísimo   ensayo “Eichman en Jerusalem”, que cayó como una bomba en los medios intelectuales occidentales, y en el se plasma la célebre expresión “la banalidad del mal”. En un contexto de fuertísimas condenas hacia los crímenes nazis, tendentes a categorizar a sus responsables como monstruos morales dignos de toda reprobación, Arendt, que era una intelectual del máximo prestigio, con total honestidad expresa la impresión que le dio Eichman de ser alguien totalmente anodino, poco más que un burócrata eficiente que simplemente “cumplía órdenes” con gran eficacia. Una conclusión es que cualquier persona puede convertirse en cualquier cosa, en las circunstancias adecuadas. El ensayo despertó una enorme controversia, por cuanto atenta a uno de los valores fundamentales de nuestra cultura occidental: la libertad y la responsabilidad individual.  Pero lo cierto es que los experimentos siguientes parecen darle la razón, o por lo menos verosimilitud.

En efecto, por esas mismas fechas, 1961, Stanley Milgran hace el primero de sus experimentos. La idea era reproducir los resultados de Asch sobre conformidad, pero con una tarea que no fuese trivial, sino que supusiese una fuerte carga emocional para es sujeto; p.e. infligir un doloroso castigo a otro sujeto. La elección de la tarea revela que Milgran no era ajeno a la “cuestión Eichman”, como denota el que introdujese el factor de  obediencia a una autoridad… y que cite ampliamente el ensayo de Arendt en su propia interpretación de los resultados. Antes de comprobar la influencia del grupo, hizo un experimento previo para establecer la “línea base” de los que los individuos estaban dispuestos a hacer por sí solos, y esos resultados iniciales fueron tan sorprendentes, que se convirtieron en significativos por sí mismos. Los sujetos tenían que actuar como maestros de unos supuestos alumnos en una tarea simple de aprendizaje, aplicando descargas eléctricas de intensidad creciente cuando cometían un error. El presunto alumno, un actor conchabado, se quejaba cada vez más intensamente, hasta llegar a los alaridos y las súplicas, para quedar finalmente desvanecido. Junto al sujeto permanecía un investigador imperturbable, con su bata blanca, que continuamente le animaba, o incluso le coaccionaba a seguir adelante. La sorpresa fue que la mayoría de los sujetos llegaron a aplicar supuestas descargas mucho más altas de lo que se preveía, incluso a niveles señalados como muy peligrosos en el aparato “dispensador”.  El experimento ha sido replicado decenas de veces por todo el mundo, con resultados similares. El propio Milgram hizo 18 variaciones, en donde, entre otras cosas, pudo completar la prueba con otros participantes. Comprobó muchos factores que disminuyen la obediencia (la proximidad de la victima, la lejanía de la autoridad, la legitimidad de la autoridad, y sobre todo la falta de unanimidad de otros parcipantes...). Milgran formuló dos teorías como explicación: una en base al conformismo, al estilo de Asch; otra por lo que llamó Estado Agéntico, que es cuando un individuo se siente inerme frente al poder de otro, o de una institución, y le transfiere toda la responsbilidad de sus consecuencias. Esta última explicación recuerda a la de Freud en su psicología de las masas, en la que postula un proceso parecido al “enamoramiento”, por el cual el sujeto atribuye al líder cualidades superyoicas (el yo ideal), en lugar de las suyas  propias.

 Es de señalar que esa transferencia de responsabilidad es de uso común en los sistemas jurídicos: en los delitos cometidos por un grupo siempre se castiga mucho más, incluso exclusivamente, a los “jefes de la banda”.


   En 1971 Philip Zimbardo llevó a cabo otro de los más famosos experimentos de la PS: El Experimento de la Prisión de Stanford [10]. Se trataba de estudiar las conductas brutales en las cárceles, tanto de guardas como de prisioneros; p.e. si se debían a la personalidad de los individuos, o a la estructura de la situación. El departamento de Psicología de la Universidad de Stanford construyó una cárcel simulada, en la que se recluyeron a 24 estudiantes voluntarios, distribuidos al azar en dos grupos: guardas y prisioneros. El experimento tenía que durar dos semanas, pero se interrumpió a los seis días, porque la situación se les iba de las manos. Los guardas empezaron a manifestar conductas humillantes y crueles, y los prisioneros tras alguna rebeldía inicial, se volvieron apáticos, apuntando conductas patológicas. El propio Zimbardo dijo que la cárcel: “Nos estaba absorbiendo como criaturas de su propia realidad”.

Tanto el experimento de Stanford, como las  conclusiones de Arendt han sido críticados por sesgos metodológicos [11]. El primero por las instrucciones “sugerentes” que se les dio a los guardas; las segundas por basarse sólo en el informe de los  abogados defensores. Así que la cuestión dista mucho de estar cerrada, pero entre tanto han surgido otros resultados en el mismo sentido.

 Reicher y Haslam en el 2001 repitieron el experimento de Zimbardo, patrocinados por la BBC,  con resultados algo distintos, pero igualmente inquietantes; en este caso los guardas se negaron a ejercer la autoridad, y fueron desbordados por los prisioneros. Entonces los participantes intentaron establecer un régimen igualitario, lo que pronto resultó insostenible. La situación empezó a derivar hacia la imposición, con débil resistencia, de un régimen tiránico, que a los propios experimentadores empezaba a recordarles el Experimento de Stanford. Reicher concluye:

Sobre la base de estos hallazgos, se perfila un nuevo marco para la comprensión de la tiranía. Esto sugiere que es la impotencia y el fracaso de los grupos lo que hace a la tiranía psicológicamente aceptable [12].
 
    Un resultado más de esta guisa: El experimento La Tercera Ola realizado en 1967 por el profesor de Historia Ron Jones,  en el Cubberley High School de Palo Alto. Sobre  este experimento se escribió posteriormente una novela [13] (1981), que después fue llevada al cine, por el alemán Dennis Gansel en 2008, con el título de “La Ola”. La  historia por tanto es bastante conocida: Para demostrar que el nazismo es algo que puede surgir entre gente “normal”, dicho profesor propuso a sus alumnos hacer una prueba en la misma clase. Se empezó por poner normas de conducta estrictas, como levantarse al entrar el profesor, etc… para seguir con actividades en el sentido de incrementar el sentido de grupo: lemas, saludos, vestimenta estandarizada... El experimento fue interrumpido a los 6 días, cuando Jones empezó a ver que surgían conductas indeseadas (p.e. chivatazos), y  que se le iba  de las manos. Hay tres detalles interesantes: 1.- Ningún miembro de la clase se negó a participar en el experimento; 2.- Empezaron a sumarse voluntariamente alumnos de otras clases, incluso masivamente;  y 3.- Los resultados académicos de los participantes mejoraban perceptiblemente.

Estos resultados, acordes con la anterior reflexión de Reicher, recuerdan la famosa advertencia de Gouvernor Morris, uno de los padres de la Constitución Norteamericana, en la Convención de Filadelfia: “Mas vale tener un gobierno supremo ahora, que un dictador dentro de 20 años” .

   Sobre la cuestión de la vinculación del individuo al grupo, que es lo que nos interesa, y de su introyección de la identidad grupal en las relaciones intergrupales, el modelo preponderante  era la Teoría del Conflicto Realista. Pero la cuestión no había quedado ahí. El grado sumisión del individuo al grupo que tan dramáticamente nos muestran las conclusiones de Arendt, Milgram o Zimbardo ya señalan la acción un mecanismo más poderoso que la simple interdependencia, o la confluencia de intereses. Además hubo otras investigaciones [14] que mostraron que el sesgo endogrupal, y el comportamiento intergrupal competitivo también surge cuando no hay interdependencia, ni situación competitiva, e incluso en condiciones claramente cooperativas.

 Henry Tafjel se propuso llevar esa cuestión hasta el extremo, estableciendo las condiciones mínimas que pueden dar lugar a una dinámica de grupo. Realizó un experimento en 1970, en el que estableció el llamado Paradigma del Grupo Mínimo [15].   Consistió en un presunto estudio sobre toma de decisiones en escolares, en el que entre otras cosas se les preguntaba su preferencia entre dos pintores: Klee o Kandisnky. Posteriormente se les sometía a una tarea de distribución de dinero (mediante la asignación de puntos) entre los otros niños, identificados por una clave, y de los que el único dato que tenían es  que habían escogido a uno u otro pintor. Los resultados mostraron que, incluso en un grupo tan evanescente, surgía el favoritismo endogrupal hacia los niños que habían escogido el mismo pintor. El experimento se ha repetido centenares de veces, en todo tipo de condiciones, depurando aún más la definición de los grupos: p.e. asignando a los participantes al azar a dos grupos X e Y; distribuyendo sólo puntos… dando siempre el mismo resultado. La simple asignación de un individuo a un grupo, por efímero y arbitrario que sea, da lugar a favoritismo endogrupal.

Tafjel formuló entonces su Teoría de la Identidad Social (TIS en adelante), en la que simplemente postulaba que la pertenencia a uno u otro grupo social constituye una parte importante de la idea que los individuos tienen de sí mismos. Es decir, de su self. Por eso los individuos, en ausencia de otros estímulos o intereses, tienden a responder en función de su Identidad Social (IS e.a.).  Esta parca conclusión es un ejemplo del tipo de laboriosas investigaciones y teorizaciones de la PS, para llegar a conclusiones poco menos que obvias para las personas normales. Y sin embargo ese es un camino que la PS tiene que recorrer. Servidumbres del gran tótem cultural del cientifismo. Como veremos los propios psicólogos sociales son dramáticamente conscientes de esas limitaciones de su disciplina. La TIS  revalorizó el concepto de IS, que ya usaban los sociólogos, en contraposición a la Identidad Personal (IP e.a.), con la cual forman los dos extremos de un continuo, dentro del cual se produce la conducta de los individuos en función de cada situación.

    John C. Turner, discípulo de Tafjel, desarrolló una teoría muy relacionada, que viene a completar la TIS: La Teoría de la Auto-Categorización del Yo (TAC en adelante), que desde entonces se asocia a la TIS, hasta el punto de que mucha gente las confunde, o tienen por una sola teoría. La TAC es una construcción muy pormenorizada y sofisticada, que definen como “un sistema de auto y hetero-categorización jerárquico compuesto por diferentes niveles de abstracción…”, que podemos resumir en lenguaje coloquial, al modo de los estudiantes, como el modelo “de las capas de cebolla”, en el que los distintos grupos de pertenencia se superponen  en el psiquismo de cada sujeto, y la activación de uno de ellos se produce en función de las circunstancias. Es decir, cada persona cuenta con un repertorio de identidades, productos de las diferentes situaciones relacionales en las que ha vivido a lo largo de su vida, cada una con su saliencia, (su poder, o probabilidad de ser asumida), y sus criterios de categorización. Es importante destacar que Turner le da un fundamento cognitivo, lo que por un lado abre el modelo al paradigma imperante académicamente, con enormes posibilidades de investigación y teorización, pero por otro encorseta  el tipo de proceso admisible. Entre los conceptos  más interesantes surgidos de la TIS/TAC están los estudios de Estereotipaje y autoestereotipaje, sobre los criterios y atributos que definen la pertenencia a determinado grupo. Fuente de cierto tipo de “poder”, el de los individuos “prototípicos”, el más sutil e inmaterial, abre un campo de enorme interés en todos los fenómenos culturales y políticos: las modas, los partidos, los medios de comunicación… Los lectores entenderán que se resume mucho un espacio teórico de gran riqueza y vivacidad, y tambien de enorme actualidad. Dice Hogg [16]:

     La idea de que tenemos muchos yoes y de que los factores contextuales pueden hacer aflorar uno u otro tiene una serie de ramificaciones. Los constructivistas sociales han sugerido que el yo es totalmente dependiente de la situación. Una forma extrema  de esta posición es el argumento de que no llevamos el autoconocimiento en nuestras mentes como representaciones cognitivas, sino que más bien construimos yos desechables a través de la conversación (p.e.: Potter y Wetherell, 1987[17]).

Nuestra intención era dar una idea del trabajo que se está haciendo sobre la identidad desde la Psicología Social, entendida como el ámbito “canónico” universitario que se ocupa del tema. Comprobamos que sus últimos desarrollos apuntan en direcciones que conectan con otros paradigmas, algunos de los cuales son extraordinariamente interesantes para el Terapeuta Sistémico, pero que, de momento y como mucho, nos tenemos que conformar con citarlos.

Como muestra queremos citar un artículo sobre la TIS proveniente del propio mundo universitarrio: el que publicaron en el 2008 los profesores Scandroglio, López y San José, de la Facultad de Psicología de la UAM [18]. El artículo, muy recomendable, contiene una meticulosa síntesis de los resultados experimentales y de los fundamentos teóricos actuales sobre la TIS y la TAC, así como una revisión crítica de sus elementos más controvertidos, sus límites y sus  potencialidades. Es significativo en sus conclusiones critiquen fuertemente las precariedades metodológicas y epistemológicas que aquejan a la investigación en este terreno:

  Todo ello ha generado algunas consecuencias negativas que  creemos haber puesto de manifiesto a lo largo de nuestra exposición. (1) Por una parte, una cuantiosa literatura fragmentada y dispersa, en la cual es común que algunos constructos considerados como esenciales por determinados autores sean simplemente ignorados por otros y en la que un mismo concepto puede encontrarse abordado mediante indicadores completamente heterogéneos y difícilmente integrables. (2) Por otra, un evidente fracaso en la búsqueda de leyes generales de relación entre constructos, plasmada en la escasa concordancia entre las sucesivas revisiones de determinados aspectos de la teoría que obligan, a su vez, a la continua reformulación ad hoc de los principios previamente establecidos cuando se incorpora un nuevo factor de influencia.  (3) En tercer lugar, una limitada capacidad para abordar empíricamente de forma global los procesos grupales en entornos reales, cuya complejidad escapa del alcance de los supuestos y métodos al uso. Por  ello, sin dejar de reconocer la enorme potencialidad del marco teórico que hemos analizado, ni sus contribuciones al avance en la comprensión de la conducta grupal, creemos que es necesaria una profunda transformación en sus supuestos, herramientas y prácticas si se desea una aproximación más eficiente y aplicadas a los fenómenos grupales.
 (…)
Desde el punto de vista epistemológico, la investigación en este ámbito puede y debe nutrirse de las visiones que realizan un mayor énfasis en el carácter construido y dialógico de la realidad social (…) de cara a superar la aporía a la que ha conducido la tendencia a la reificación descontextualizada de constructos y  principios.  (…) Esta perspectiva puede ser especialmente pertinente al ofrecer un marco que conceptualiza las categorías sociales no ya como elementos estáticos o preformados ubicados en la mente de los sujetos, sino como emergentes que se construyen en el momento de la interacción con finalidad retórica y autoafirmativa, en confluencia con la línea de avance de los trabajos más cualificados dentro del área. Igualmente, a pesar de su todavía incipiente formalización en el ámbito de las ciencias humanas, puede tomar numerosos referentes de los denominados paradigmas de la complejidad (véase, por ejemplo, Prigogine, Guattari, Lesoume, y cols., 2000), que constituyen una potente reformulación del modo en que cabe conceptualizar y abordar los fenómenos conformados  por ciclos recursivos de interacción múltiple.

     El artículo revela hasta qué punto los propios  implicados en la investigación sobre la Identidad son conscientes de la necesidad de abrirse a otras perspectivas, y buscar su articulación teórica en un desarrollo intelectual a cuya ortodoxia no se renuncia. Un ejemplo muy sugestivo es la Teoría del Apego, desarrollado a partir de disciplinas tan blandas como el Psicoanálisis y la Etología, y que en nuestro caso propone el fenómeno de la Impronta  (Imprinting)  como una fuente de identidad de indudable importancia, y que sin embargo no ha llegado a la investigación, al menos que sepamos [19].

  Entre los muchos enfoques que que hay sobre la Identidad, hay dos no podemos dejar de mencionar. El dinámico de Ericsson, y el Narrativo de Linares, cada uno de ellos representando poderosas corrientes de pensamiento. Dar una idea cabal de ellos daría para otro artículo; nos conformaremos con una breve reseña.

El modelo de Erikson sobre el desarrollo de la identidad, sus crisis, y su conexión son los sistemas culturales del grupo humano en el que crece el niño.  La idea fuerza es que la identidad individual es una construcción neurológica concreta en la que, como toda “aplicación informática”, lo más importante es la coherencia interna”. Los reseteos de de dicha aplicación, obligados por el desarrollo del individuo, constituyen sus famosas “crisis de identidad”, que subjetivamente se viven como una “crisis de la realidad”. Sus observaciones antropológicas, su sagacidad y su inmensa humanidad convierten a sus libros en una lectura imprescindible [20].

Respecto al aspecto relacional de la identidad, que se manifiesta especialmente en el lenguaje, es particularmente interesante el enfoque narrativo. Es conocido el poderoso instrumento terapéutico desarrollado por White a base de trabajar la narrativa que las personas hacen de su propia vida; El aspecto biográfico de la identidad.

Y tambien cabe mencionar el prolijo, denso y muy interesante modelo psicopatológico, y terapéutico desarrollado por Juan Luis  Linares [21] en base a la proyección relacional de la identidad del  individuo. El lenguaje “trae un mundo de la mano”, y en ese mundo, primariamente asentado en la familia, precisa de de un reconocimiento y una nutrición emocional adecuados, que de no darse lugar a patologías que pueden ser muy graves. El profesor Linares, con su habitual claridad, aparentemente fácil, nos ofrece desde esta perspectiva una formidable colección de modelos y casos  que ilustran la sutil y compleja dinámica de la Identidad humana, y de su, relación con el entorno familiar, demasiado dramática con demasiada frecuencia.

   Siguiendo nuestro guión, ofrecemos ahora un modelo de la identidad, sistémico e interdisciplinar, que creemos puede contribuir a unificar y eventualmente clarificar, muchas de las aportaciones e interrogantes que hay planteados sobre la identidad. 





BIBLIOGRAFIA

[1] Clifford Geertz. (1973)  The interpretation of Cultures. Basic Books Inc. Nw York
La interpretación de las culturas. Gedisa, 1987; p. 105

[2]   Se trata de un “Liverpool-Manchester”, en el estadio de Anfield, el 11/Sept/1999. El delantero es Michael Owen (en el suelo, al fondo). El Liverpool perdió  2- 3, en casa. La fotografía es de Phil Nobl, de Associated Press, y fue elegida por los aficionados como la mejor foto de la Premier League en la década anterior.  

[3]  El de Hogg, del ámbito europeo, le dedica una página. El de Myers, ¡que es americano!,  ni siquiera lo menciona.
Hogg y Vaughan (2010. 5ª ed.) Psicología Social. Panamericana.
Myers, D.G. (2005. 8ª ed.) Psicología Social. Mc Graw Hill.

[4] G. H. Mead.(1934) Mind, Self and Society. Univ.Chicago Press.
                Espiritu, Persona y Sociedad. Paidós, B.Aires. 1968.

[5] H. Blumer, (1969) Symbolic Interactionism: Perspective and Method. Prentice-Hall, Inc. New Jersey. 
El interaccionismo simbólico: perspectiva y método. Hora, S.A. Castellnou, Barna. 1982.

[6] J.Carabaña y E.L. de Espinosa. 1979. “La teoría social del Interaccionismo Simbólico: análisis y valoración crítica”. Revista Española de Investigaciones Sociológicas. C.I.S.  1:159-204.  Incluído en:
                Blanco y Moya (1978) “Teoría Sociológica Contemporánea”.  Tecnos, Madrid.
[7] Sherif, M. (1935)A study of some social factors in perception”. Archives of Psychology, 27. Citado en Hogg y Vaughan (2010).

[8] Asch, S. (1951) Effects of group pressure upon the modification and distortion of judgements. En Guetzkow (ed): Groups, leadership and men. Carnegie Press.
--- (1956) Studies of independence and conformity: A minority of one against a unanimous majority. Psychological Monographs: General and Applied.
. Citados en Hogg y Vaughan (2010).

[9]  Sherif, M.Harvey, White, Hood, & Sherif, CW (1962) Intergroup conflict and cooperation: The Robbers’ cave experiment.Norman OK: Univ. of Oklhoma Institute of Intergroup relations. Citado en Hogg y Vaughan (2010).

[10]  Zimbardo p. g. (1972)  The Stanford prison experiment. Presentación de P.G. Zimbardo, Inc., P.O. Box 4395, Stanford, Calif. 94305. Citado en Hogg y Vaughan (2010).

[11]  Reicher, Haslam & Rath.  (2008) Making a Virtue of Evil: A five step Social Identitiy Model of the Development of Collective Hate. Social andPersonality Psychology Compass. 2/3.1313 -1344.

[12]  Reicher, S., and Haslam, S.A. (2006)  “Rethinking the psychology of tyranny: The BBC prison study” British Journal of Social Psychology, 45, 1–40.
[13] Strasser, T. (1981). The Wave. New York: Dell Publishing Co. (De Wikipedia)

[14] Rabbie y Horowitz (1969); Ferguson y Kelley (1964); Rabbie y Wilkens (1971); Rabbie y DeBrey (1971). Citados en Hogg y Vaughan (2010), p. 405.

[15]  Tafjel, Billing, Bundy & Flament. (1971) Social Categorization and intergroup behaviour. European Journal of Social Psychology, 1, 149-177.  Citado en Hogg y Vaughan (2010). p. 405
[16]  Hogg y Vaughan. Op.cit.  p. 124

[17]  Potter & Wetherell (1987). Discourse and social psychology: Beyond attitudes and behaviour. London: Sage .Citados en Hogg y Vaughan (2010),

[18]  Scandroglio, B.,. López, Jorge.,y San José, M.C. (2008) La Teoría de la Identidad Social: una síntesis crítica de sus fundamentos, evidencias y controversias. Psicothema. Vol. 20, nº 1, pp. 80-89

[19]  Jorge López. (Cita 18) Comunicación personal.

[20] Erik Ericsson. (1950) Childhood and Society,( Infancia  y  Sociedad. Lumen-Hormé, 1959 (12ª:1993))
   -- (1968)   Identity. Youth and crisis. Norton (Identidad Juventud y Crisis.  Taurus, 1980)
   -- (1982) The Life Cicle Completed (El ciclo vital completado. Paidós, 1985)
[21]  Juan Luis Linares.(1996) Identidad y Narrativa. Paidós
    --  (2012) Terapia Familiar Ultramoderna. Herder